Reseña


El capítulo “La racionalidad en las ciencias y en las artes. Sentido común y heurística” pertenece al libro “Arte y ciencia: Mundos convergentes” escrito por Ambrosio Francisco Javier.

El capítulo expone la manera en que la ciencia y el arte se segregaron a partir de la Modernidad despojando al arte de toda racionalidad y toda pretensión de validez cognoscitiva. Profundiza en el bon sens. Comprende que desde Kant el juicio del sentido común se reduce a su capacidad en el ámbito del arte, reduciéndola a un principio subjetivo donde no se afirma un conocimiento del objeto pero el sentimiento de placer del sujeto. Expone sin embargo la visión de Gadamer sobre la construcción de la estética participativa que supera los límites de la estética contemplativa, que abarca por tanto los horizontes del creador y del intérprete. Sumado a esto, reconoce su relevancia en el conocimiento político y ético “como una fuente común de pensamiento y voluntad, un sentido social que evita los dogmatismos científicos”. Finalmente establece la importancia del sensus communis en el corazón mismo de la racionalidad científica. Reconoce como en los métodos de contrastación empírica de la hipótesis parte del reconocimiento de las facultades del científico de cual hipótesis rechazar y corregir y cuál ha de aceptar como válidas. Por tanto refuerza como esta decisión no es producto de la aplicación de ningún algoritmo o principio universal y es producto de un preferir y evaluar racional desde un punto de vista lógico. En conclusión, la racionalidad implícita en el conocimiento científico no es producto de la razón lógica o el espíritu geométrico y pero producto de un buen sentido común.

Paralelamente rescata el concepto de Heurística como un “aspecto fundamental de una idea verdadera basada en el descubrimiento y la creatividad que sea relevante para las artes y para las ciencias”. El conocimiento científico sin embargo resulta paradójico, si bien se asocian a capacidades opuestas “la objetividad a la racionalidad metódica; la creatividad a la irracionalidad arbitraria”. El contexto de descubrimiento corresponde al proceso de invención y formulación de nuevas hipótesis y teorías que carece de toda metodología, por tanto todo descubrimiento contiene un elemento irracional, común entre arte y ciencia. Por esta razón lo que distingue el conocimiento científico no es la creatividad sino  la justificación metódica de sus pretensiones de validez. En resumidas cuentas, el proceso de creación que busca la verdad es tan incierto y subjetivo como el proceso de creación que se guía por la belleza, pero el criterio para juzgar el producto final difiere de un medio a otro. La heurística es ante todo una pasión intelectual incompatible con la metodología demostrativa, incapaz de convencer a través de argumentos formales. Así pues, la pasión heurística necesita complementarse con una retórica razonable, el sentido común, para establecer un nuevo consenso en el proceso progresivo de las tradiciones científicas. “En resumen, el concepto de tradición contextualiza histórica y socialmente la racionalidad de los argumentos, creencias y decisiones de las personas que debaten en el seno de un sentido común; mientras que el concepto de heurística alude al valor del descubrimiento y la innovación, que entra en tensión con los consensos establecidos”.

En el capítulo  el autor logra capturar eficientemente las distensiones existentes entre ambas disciplinas. Pretende responder a unas causas históricas y, mediante la voz de otros autores, enuncia que con anterioridad el bon sens/sensus communis y la heurística respondían a la búsqueda del arte y la ciencia como disciplinas semejantes. De esta manera el texto permite entender desde varias voces las múltiples miradas a la preexistente discusión. El texto está lleno de un deseo por dar al arte el valor racional del que se le fue despojado mediante un constante enfrentamiento de fuerzas con las tradiciones científicas. Por su parte, el autor oculta su voz en la resonancia de otros, y sin embargo se captura constantemente rastros de su singularidad.  Mediante su método constante de comparar y contrastar llega a establecer un mundo de fuerzas donde la relación tensional entre innovación creadora y formación de acuerdos a través del sensus communis logran radicalizarse. De modo que la postura del autor solo se desvela en sus comentarios finales donde aparece la riqueza de su construcción argumental, “El artista también busca mostrar de manera diferente aspectos del mundo, busca descubrir relaciones, significados ocultos y comunicarlos persuasivamente”. Concluye así con la esperanza de brindar al arte el puesto del que la razón y el método constantemente la han desestimado, estableciendo a la vez, discusiones sobre el no tan polemizado pero privilegiado puesto de la ciencia.

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